Kubica vuelve a la Fórmula 1


Uno de los regresos más esperados de los últimos años en el mundo del deporte se producirá el 17 de marzo del año que viene, fecha en la que Robert Kubica volverá a subirse a un coche de Fórmula 1 para disputar un gran premio. El polaco, que entonces tendrá 34 años y que compartirá taller con George Russell, fue confirmado por Williams este jueves en la previa de la última parada del calendario, en Abu Dabi, precisamente donde Kubica corrió su última carrera en noviembre de 2010, enfundado en aquella época en el mono de Renault.

Tres meses después de aquella prueba y mientras tomaba parte en un rally en Italia, el piloto sufrió un terrible accidente que cambiaría su destino para siempre: el Skoda fabia que conducía se fue directo hacia el guardarraíl sin que él pudiera hacer nada pare evitar que el acero penetrara en el habitáculo por la luna delantera y le desgarrara el brazo derecho. Las secuelas de aquel tremendo infortunio se identifican a simple vista, y la evidente falta de movilidad en una zona tan vital hizo que muchos consideraron su hipotético regreso como una utopía.

Lo que ocurre es que Kubica, que en su palmarés solo acumula un triunfo –en el Gran Premio de Canadá de 2008, con BMW–, es algo parecido a un genio cuando le cae un volante entre las manos, o al menos eso es lo que dicen la mayoría de corredores de su generación. Y eso es lo que necesita Williams si quiere plantearse salir del agujero en el que anda metida la escudería de Grove (Gran Bretaña). Después de varios rallies y entrenamientos con Renault antes de que arrancara la temporada que termina este domingo, el de Cracovia estuvo en todas las quinielas para ser titular en Williams ya con vistas a 2018. La incertidumbre que podía generar el estado de ese brazo derecho, y sobre todo hasta qué punto iba a condicionarle llegado el momento de manejar el sinfín de dispositivos que concentran los volantes de hoy en día, se disiparon en el ensayo que llevó a cabo hace justo un año precisamente aquí, en el circuito de Yas Marina, donde dio más de 100 vueltas.

Sin embargo, las miserias económicas por las que atraviesa este histórico equipo hicieron que la cúpula directiva se decantara por Lance Stroll y Sergey Sirotkin, y sus respectivas chequeras. Eso hizo que Kubica pasara a desarrollar el papel de reserva, un rol que permitió que los jefes de la estructura llegaran a la conclusión que seguramente se habían equivocado. Su experiencia y capacidad para detectar los puntos débiles de los coches que pilota, así como su frialdad, han hecho que Williams apueste por él y, por qué no decirlo también, por el dinero que traerá de sus patrocinadores, encantados con un relato fantástico que se vende prácticamente solo. Aunque también disponía de una oferta de Ferrari para que se encargara de desarrollar el simulador, Kubica ha optado por subirse a un barco que le exigirá emplearse más a fondo que nunca después de demostrar en cinco jornadas de entrenamientos y dos sesiones libres de viernes, que está perfectamente capacitado para afrontar el reto que se le presenta.

“El camino que he tenido que recorrer hasta poder llegar a este punto ha sido muy largo, y volver a la F1 ha sido todo un desafío. Estar en la parrilla del año que viene es uno de los mayores éxitos de mi trayectoria”, convino Kubica, que según matizó ahora conduce “en un 70% con el brazo izquierdo”.

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