Eva Calvo empieza a ver la luz tras un calvario de lesiones


El 19 de agosto de 2016 Eva Calvo ganó la plata olímpica en los Juegos de Río en -57. Desde entonces no ha conseguido enfilar tres competiciones seguidas. La primera vez que lo haga será a partir del miércoles 15 en el Mundial de Manchester y en otra categoría de peso, la de -67. Sus últimos tres años han sido un calvario de lesiones. Se rompió primero el menisco de la rodilla derecha, luego el de la izquierda. Las prisas por volver a competir, sumar puntos en la nueva categoría de peso y perseguir su objetivo, han retrasado la recuperación.

“En febrero de 2017, justo antes del campeonato de España, el fisio me dijo que mi menisco parecía estar roto. Yo llevaba dos años con molestias, pero como no me habían visto nada, lo normalicé. Me decía: ‘está cargado’. Seguí y seguí y de seguir se rompió”, cuenta Eva, 27 años, en el Polideportivo Olimpia de Leganés, el pabellón donde se entrena desde pequeña a las órdenes de José María Martín, Xixo. Lo primero que se ve en la pared es esta frase escrita con letras negras: “Si lo deseas fuerte, al final sucede”. Al lado hay una foto de Eva mordiendo la medalla en el podio de Río.

“Me operé justo después del campeonato de España, entre el campeonato y el Mundial [de Corea de junio de 2017]. A las tres semanas de operarme empecé a hacer bici para la rehabilitación: salí y me caí. Me caí sobre la rodilla mala, se me puso otra vez enorme, no bajaba la hinchazón y lo fui arrastrando”, añade. Tanto que compitió en el Mundial sin estar al cien por cien. En taekwondo las caderas y las rodillas son lar articulaciones que más sufren. “En mayo del año pasado también me rompí el menisco de la rodilla izquierda [sin darse cuenta]. De la lesión del derecho nunca me recuperé, entrenaba vendada, la pierna tenía déficit muscular… Seguí a duras penas. Cuando me operé del izquierdo, aprovecharon y me hicieron una limpieza en el menisco de la pierna derecha que estaba pocha. La doble operación fue en julio del año pasado y he estado recuperándome otra vez hasta enero de este año que es cuando ya he podido entrenar mejor”, cuenta. Dice que no se partió una pierna y que no quiere parecer una quejica porque podía entrenarse. Pero nunca, en los últimos tres años, ha conseguido hacerlo sin dolor. Más bien se ha acostumbrado a ello.

¿No le afectaba emocionalmente? “Al final te acostumbras, lo pasaba mal al principio en los entrenamientos porque no podía ni calentar sin dolor. Corriendo ya ni te digo. Siempre me vendaba. Era un rollo de: otra vez con esto. Cada patada me dolía, si me empujaban me dolía, se quedaron las rodillas sensibles a los golpes”, contesta Eva tres semanas antes de viajar al Mundial de Manchester junto a su hermana Marta que compite en –62. “Me ponía triste porque si en los entrenos no lo pasas bien… pues… Y más para nosotras que siempre hemos defendido el lema que nos inculcó nuestro entrenador: disfruta de lo que haces, si no lo disfrutas, no lo hagas’. Yo quería disfrutar, pero no podía”, añade. Ha vuelto a hacerlo en las últimas semanas.

“Desde después de Río no he estado bien hasta ahora. Es un rollo lo de las lesiones, sobre todo lo de intentar llegar. Lo que me fastidió a mí fue intentar acelerar la vuelta, si hubiera parado más meses a lo mejor me hubiera recuperado más fácil. Pero el intentar entrenar… fui al Mundial, al Europeo y a los Juegos del Mediterráneo….”, cuenta. ¿Por qué quería o porque se sentía presionada? “Porque quería, porque pasa el tiempo y buscas un objetivo [los puntos para el ranking] y piensas: ‘no puede ir a peor’. Pero tampoco iba a mejor. A los Juegos del Mediterráneo fui con el menisco roto de la rodilla izquierda, pero no lo sabía todavía. Se acumularon las cosas”, responde. Se refiere, entre otras, al cambio de peso que, en taekwondo y en su caso es como cambiar de deporte. Si en -57 era de las más altas, ahora le sacan un cuerpo entero. “Y la forma de pelear, además, es más de embestir”, analiza. Nunca se había lesionado.

Eva, que pesa unos 62, pasó de la categoría de -57 a la de -67, cansada de las bajadas de peso que tenía que hacer antes de cada competición (unos 3-4 kilos a la semana: desde ponerse ropa para sudar, a comer apenas y a no beber durante un par de días). “Era insostenible seguir en esa categoría, lo del peso me amargaba la vida, tuve un tiempo que no podía ni pesarme del rechazo que me generaba. Al cambiar de categoría no tenía puntos en el ranking, tenía que buscarlos de alguna forma, de ahí las prisas por volver a entrenarme y a competir”, explica. Los puntos del ranking mundial se mantienen, a diferencia del ranking olímpico; de hecho, en -57 ella está todavía la 19 del mundo sin competir en esa categoría desde hace tres años.

El camino hacia Tokio 2020 se le ha puesto cuesta arriba (es la 64 del ranking y se clasifican los cinco primeros), pero ella ni quiere ni piensa tirar la toalla. Primero porque dice encontrarse en su mejor momento de los últimos tres años. Segundo porque el torneo pre-olímpico otorga una plaza más por país (la Federación decide qué deportista acude y de qué categoría de peso). Por último, porque en las competiciones en las que se ha encontrado bien, ha sacado buenos resultados (plata en el Open de Las Vegas antes de la primera operación y en el primer campeonato que hizo en -67 en 2017; dos oros en 2018 y dos bronces en el Open de Turquía y España en 2019). El Mundial de Manchester es el mejor de los escaparates. “Voy a hacerlo lo mejor que pueda porque hemos entrenado bien”, asegura. Su hermana Marta –que no se clasificó para Río pero que ahora es la sexta del ranking- también busca medalla. Eva compite el sábado; Marta lo hará el domingo.

Eva Calvo, en un entrenamiento antes de volar a Manchester para el Mundial.
Eva Calvo, en un entrenamiento antes de volar a Manchester para el Mundial.

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