Bale, en su planeta


El autobús que trasladó a la selección española del aeropuerto a la ciudad de Cardiff, este miércoles, atravesó el valle de Glamorgan en el corazón del país de Gareth Bale. Los apriscos separaban un minifundio tras otro, las ovejas pastaban inmóviles, y el sol hacía brillar los greens de innumerables campos de golf, recordando la verdadera pasión del capitán del equipo galés. Bale ha dicho que le gusta más hacer un swing que pegarle a un balón pero después de 20 lesiones en cinco años su seleccionador, Ryan Giggs, le ha recomendado que deje de blandir los palos para evitar que sus músculos se contraigan innecesariamente desencadenando problemas que a veces ni los médicos logran determinar. Infortunios levísimos, casi siempre invalidantes, como la “fatiga” que, a falta de mejor determinación clínica, le atribuye el parte oficial del Real Madrid después de que pidiera salir del campo en Mendizorroza, el sábado pasado, en los últimos compases de un partido encaminado a la derrota.

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