Renovación automática en caso de embarazo


Un importante capítulo de la historia del deporte español está a punto de escribirse en un pequeño municipio del norte de Galicia. El club de fútbol sala Burela Pescados Rubén ultima con la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala Femenino el primer convenio colectivo para mujeres deportistas, un texto que incluye cláusulas impensables hasta hace poco como la renovación inmediata del contrato para las jugadoras embarazadas y ayudas para guarderías y libros de texto. “Esperemos que otros clubes den también este paso, porque está bien empezar a salir en los medios y tener visibilidad pero no vale de nada si no se traduce en mejoras como deportistas. Queremos derechos como cualquier otro trabajador”, reivindica Natalia Orive, presidenta del colectivo de futbolistas que negocia el convenio con la directiva del club gallego. Sus compañeros hombres, recuerda, ya van por el tercero.

Los responsables del Burela Pescados Rubén, un club nacido en Burela (Lugo, 9.500 habitantes) en 2001 y que cuenta desde 2008 con un equipo femenino que ha ganado ya dos Ligas y una Copa de España, admiten que cuando impulsaron este avance laboral para sus jugadoras ignoraban que era pionero. “Los clubes tenemos que atender las especificidades de las mujeres para que ellas también puedan conciliar su trabajo como deportistas con su vida familiar”, explica José Luis Sáez, vicepresidente de la entidad, que espera rubricar la versión definitiva del convenio “antes de un mes” porque está “de acuerdo en lo fundamental” con el borrador que le han presentado la asociación de jugadoras. “Va a ser mejor que el masculino”, añade.

En el fútbol sala femenino este paso histórico lo dará un equipo en solitario porque no existe Liga profesional y la asociación de clubes no puede erigirse como patronal. Según informa la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional, en el fútbol femenino está en marcha otra negociación similar, pero no se ha conseguido cerrar para esta temporada. Esta organización recalca que el convenio del Burela Pescados Rubén será un importante punto de partida para los avances laborales de las deportistas españolas: “Hay que presionar para que esto ahora se replique, porque cuando alguien da el primer paso siempre es más fácil que los demás lo sigan”.

La Liga española de Primera División del fútbol sala femenino está considerada la mejor del mundo, una élite deportiva que sufre unas condiciones laborales de muy bajo nivel. Una encuesta realizada el año pasado dentro del proyecto europeo Swafe, que busca dibujar la situación de las deportistas del continente, reveló que de las 116 futbolistas entrevistadas, todas de la más alta categoría española, poco más de la mitad recibían algún tipo de retribución económica y de ellas el 70% estaban sometidas a un pacto verbal, no a un contrato escrito.

El proyecto, cofinanciado por la Comisión Europea y en el que colaboró la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala Femenino, destapó la absoluta desprotección a la que están condenadas las jugadoras ante una lesión, una baja por maternidad o un impago por parte del equipo. Solo nueve de las 116 encuestadas cotizaban a la Seguridad Social, ya que entre las pocas que tenían contrato, la mayoría eran privados. Antes de empezar a negociar el primer convenio colectivo del deporte femenino español, el Burela Pescados Rubén ya era pionero en la firma de contratos profesionales con sus futbolistas.

Una de las grandes de este deporte, la donostiarra Lorena Rubio Txitxo, se retiró el año pasado tras 24 años en Primera. Lo hizo con su palmarés repleto —elegida mejor jugadora de fútbol sala de España en 2005 y ganadora de cuatro Ligas y tres Supercopas— pero sin ningún día cotizado. Después de tanto tiempo compitiendo en unas condiciones laborales “tercermundistas” con respecto a sus compañeros, dice sentir “esperanza” ante lo que está ocurriendo en ese pueblo del norte de Galicia: “Que en la historia del fútbol sala femenino se hable de un convenio colectivo significa que, por fin, las cosas empiezan a cambiar”.

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