Ona Carbonell, la gran dama del agua


Los Mundiales de Natación de Gwanhju arrancaron como los Mundiales de Budapest de 2017. Con Ona Carbonell abriendo brecha con una plata que sirve para inaugurar el medallero español y aliviar la tensión de la incertidumbre. Corren tiempos de dudas en la natación española y el rendimiento de las veteranas resulta más necesario que nunca. Si el balance de los Mundiales de 2017 indicaba el evidente desgaste de un equipo que se sostenía en sus expertas —dos platas de Ona Carbonell en sincronizada, tres medallas de Mireia en natación en línea y una plata del equipo femenino de waterpolo— en Corea el peso de la expedición sigue recayendo en las mismas mujeres, más heroínas que nunca con el paso del tiempo.

A sus 29 años Ona Carbonell conquistó su tercera plata consecutiva en solo técnico, lo que hace la 21ª medalla de su colección mundialista, título que la sitúa junto a Natalia Ishchenko como la mujer más condecorada en la historia de los Mundiales de la FINA en todas las disciplinas, y la tercera en el medallero individual histórico después de Phelps (33) y Lochte (27).

La chica de Vallvidrera atrapó la plata con arte y con atrevimiento porque interpretó algo realmente nuevo. La suya fue la primera coreografía basada en un discurso político en una gran competición de natación sincronizada. Siguiendo la tradición innovadora de España en este deporte, la puesta en escena fue insólita. Ni canciones de amor, ni romances folclóricos, ni épica de carros de fuego. El proyecto colocó el elemento musical en un segundo plano. El magnetismo de las palabras de Nelson Mandela marcó los tiempos, las líneas rítmicas, el drama y las armonías de la rutina preestablecida de figuras técnicas cuya ejecución es la base de esa disciplina. Apenas atado con instrumentos de percusión y coros femeninos, el andamiaje de la obra se sostuvo con el sonido de la voz del líder africano y la presencia mágica de la nadadora en el agua. Nadie fluye con la flexibilidad de la española, tan adaptada como un anfibio.

“El deporte tiene el poder de crear esperanza donde una vez solo hubo desesperación…”, resonaba la voz de Mandela, mientras Ona Carbonell nadaba acentuando cada palabra como si fuera una nota en la composición. Donde decía “poder”, afloraba una barracuda, donde decía “esperanza”, un juego de manos. Los extractos del discurso que el político ofreció en la gala de los premios Laureus del año 2000 marcaron la pauta del ejercicio en la sucesión de espagats, tirabuzones, barracudas y grúas, con más plasticidad que brío.

El despliegue impresionó a los jueces, que le concedieron 92.000 puntos. Los necesitó para superar a la joven japonesa Yukiko Inui, que no deja de crecer. Japón ha redoblado esfuerzos en elevar el nivel de su equipo de natación artística camino de los Juegos de Tokio y el despliegue de la pequeña Inui fue una exhibición. Los 92.308 puntos conque la juzgó el panel pusieron en un serio aprieto a Ona Carbonell, obligada a elevar la valoración de su ejercicio respecto a la jornada previa. En la lucha por la plata, la respuesta de la española dice mucho de su experiencia para sobrellevar una situación límite con el aplomo de quien se encuentra en su salsa.

“Mandela me ha ayudado”

“Estoy muy contenta”, dijo, tras bajarse del podio tocada por gelatina de pez, y sumando. “¡Con esta llevo 21 medallas mundiales! La verdad es que ni me lo creo. Después de un año [se tomó un año sabático en 2018] intentando cuidar mi cuerpo y mi mente, el solo era un objetivo un poco postergado. Este año nos enfocamos más en los ejercicios de dúo y de equipo porque son las rutinas olímpicas. No me creo esta plata mundial. Creo que Mandela, desde donde esté, me ha ayudado. Innovar ha sido arriesgado pero hemos acertado”.

Si la disputa de la plata se dirimió en la predecible lucha entre España y Japón, el oro nunca dejó de tener dueño. La gran Svetlana Kolesnichenko sumó otro mundial para Rusia, imperio prepotente de la natación artística desde los Juegos de Sydney 2000. Kolesnichenko obtuvo 95.002 puntos después de revolver la piscina como un ciclón al compás de Survivor, tema de la película Tomb Rider.

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