“No quiero ser consciente ya de lo que esto significa”


Sin duda, la felicitación más peculiar que recibió este domingo Marc Márquez fue la de Scott Redding, piloto de Aprilia, con el que hace años protagonizó el baby podium. Así se etiquetó aquella fotografía en la que se veía a ambos en el primer y el tercer puesto del cajón. Tenían 15 años. Y batieron en Donington Park sendos récords de precocidad que hoy siguen vigentes: el británico fue el piloto más joven en ganar una carrera, el hoy siete veces campeón del mundo fue el español más joven en subir al podio. “Hubo un tiempo en que éramos rivales, grandes rivales, ahora no nos une más que el respeto y la diversión. Perdona por ese hombro dislocado”, remataba el inglés, que fue una de las primeras personas en felicitarle cuando todavía estaban ambos en la pista.

Nada más terminar la carrera, Redding se acercó a su colega, que acababa de pararse en una curva para recibir los abrazos de su tío y su gente. También el de Redding. “Cuando se marchó sentí algo extraño. Me había sacado el hombro del sitio con un mal gesto. Menos más que allí al lado tenía a mis ángeles de la guarda, que me lo volvieron a colocar”, declaraba el 93, que cuando se dio cuenta se bajó de la moto y se echó en el suelo, boca arriba. Se vio cómo su hermano Alex y su amigo José le abrían el mono y le echaban una mano. “Tienen experiencia, lo han hecho un montón de veces”, explicaba Márquez poco después, entre risas. Porque la de este domingo no era la primera vez que al piloto de Cervera se le salía el hombro izquierdo del sitio. “Cuando uno pierde la cuenta… No lo he querido contar para no dar pistas a los rivales, pero la verdad es que he llegado tocado a alguna carrera porque en los entrenamientos me he luxado el hombro varias veces. Ha sido, sin duda, mi punto débil este año”, confesaba. Pasará por el quirófano este invierno, como antes lo hizo también su hermano, piloto de Moto2, que sufría la misma dolencia.

Ese pequeño problema físico ha sido el único contratiempo que ha tenido que afrontar el campeón este curso. “El año pasado fue mucho más estresante. La presión era mayor”. De hecho, se ganó una ventaja tan amplia y tan temprano al frente de la clasificación, que aquello le incomodaba: “No me gusta esa sensación de que vas a ganar. Trabajo mejor con presión, me ayuda a estar más concentrado. Por eso, he tenido que buscarme una motivación extra. Cuando vi que tenía en Japón la primera oportunidad para ganar el título me dije: ‘tengo que aprovechar esa primera bola de partido”. También lo pensó el presidente de Honda Racing Corporation, Takahiro Hachigo, presente en Motegi, que ansiaba que el título pudiera lograrse ya en Japón. “Después del entrenamiento de esta mañana se me ha acercado y me ha dicho: ‘Tienes que hacerlo’. Y le he contestado: ‘Ok”, resolvió, serio, para despertar una carcajada general entre los periodistas que escuchaban sus batallitas.

Así ha funcionado siempre Márquez, que en los últimos nueve años, desde que fue campeón de 125cc en 2010, ha ganado siete campeonatos, fue subcampeón de Moto2 en 2011 y tercero en MotoGP el 2015. Ha cambiado poco, aunque se confiesa “más maduro”, lo que este curso le ha permitido gestionar las carreras de forma distinta. “Todas las carreras que he terminado, menos Argentina e Italia lo he hecho en el podio. Quiero mantener ese compromiso. En 2015 aprendí lo importante que es la constancia para ganar”, sentencia. Ese cambio es lo que más le enorgullece de su triunfo. Pues le gusta vivir en el presente. “Soy consciente de lo difícil que es lo que estoy haciendo, pero no quiero serlo ya de lo que eso significa”, advertía. Nunca imaginó que ganaría tanto. “Estoy viviendo un sueño, llegar a MotoGP y ganar cinco títulos de seis es algo impensable que no me entra en la cabeza”.

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