Nadal, ‘limpio’ y firme


Hasta que no trazó ese passing cruzado de revés y pegó su brinco característico, a punto de anudar la victoria, Rafael Nadal no respiró del todo tranquilo. Venció y progresó, cumpliendo el pronóstico (6-3 y 6-4, en 1h 26m), pero el serbio Dilip Krajinovic le exigió más de lo previsto en el trazado hacia los cuartos de Indian Wells, en los que divisa un reto superior: el viernes, Karen Khachanov o John Isner. Martillo o martillo. Después de dos primeras rondas más bien placenteras y de resolver este último compromiso con oficio, Nadal alcanza el punto dulce del torneo. Ya está donde pretendía, a buen tono y completamente limpio, sin haber cedido ningún parcial.

Tiene el balear la virtud de no despistarse un solo segundo. Accede a la pista ya en trance, aplicando su propia liturgia interior, controlándolo todo a su alrededor para que no se le escape un solo detalle. Por ejemplo, la chapa reluciente que le cegaba ocasionalmente en la matinal contra Krajinovic. Rival engañoso el serbio, de 27 años y ahora mismo fuera del top-100, pero que hace solo un año se encaramó al 26º puesto del ranking –fue finalista en París-Bercy– y en los días previos al choque con Nadal había despachado a dos tenistas de nivel elevado como David Goffin y Daniil Medvedev.

Se revolvió, replicó y arrebató por primera vez un turno de servicio a Nadal, al que este miércoles le tocó madrugar. Abrió turno el de Manacor, cosa rara, y conforme fue desperezándose fue afilando su Babolat. Se topó con un rival respondón, pero en realidad inofensivo. Un pequeño Yorkshire. Ladraba Krajinovic, pero no mordía. Tuvo todo bajo control Nadal, que además amaneció con una agradable noticia: no se topará con Novak Djokovic, fulminado el serbio contra todo pronóstico, en la ronda anterior. No está Nole, luego el horizonte es diferente; mejor, aunque ahí amenaza Roger Federer.

Eternamente alerta, Nadal fue de menos a más. En cuanto Krajinovic le birló el servicio, le devolvió los pies a la tierra; a la que el balcánico le presionó en la segunda manga, abrió brecha; y a la que divisó la línea de meta, Nadal esprintó e hinchó sus bíceps mientras celebraba la victoria. Golpe a golpe tumbó a su último adversario, que hace solo dos semanas se quedó sin entrenador porque Thomas Johansson considera que “no es lo suficientemente bueno”. No lo es, al menos, para batir al tozudo Nadal que desfila estos días por el desierto de Indian Wells.

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