Mueren tres de los mejores alpinistas del momento sepultados por un alud en las Rocosas de Canadá


No se han recuperado los cuerpos de los alpinistas austriacos David Lama y Hansjörg Auer y del norteamericano Jess Roskelley, pero el padre de este último, John Roskelley, sabe que la pérdida es irremediable: “Sé que mi hijo no volverá. Emprendió una escalada en una montaña en la que si las condiciones no son perfectas, se convierte en una pesadilla”, explicó el pasado miércoles en The Spokesman Review, horas después de alertar a los servicios de socorro que operan en Icefields Parkway, en Alberta (Canadá). Su hijo prometió llamarle el martes, pero no llegó a hacerlo. El trío perseguía una vía en el Howse Peak, un lugar especialmente sensible al riesgo de aludes. Un helicóptero de los servicios de rescate alcanzó a divisar tres aludes y en uno de ellos, restos de material de escalada y un cuerpo semienterrado. Ahora esperan a que disminuya el riesgo de avalanchas para buscar los restos sin vida de los tres alpinistas de élite, verdadera punta de lanza del alpinismo de vanguardia.

John Roskelley, el padre de Jess, es uno de los alpinistas norteamericanos de leyenda de los años setenta y ochenta del pasado siglo, autor, entre otras grandes ascensiones, de una impresionante escalada en la cara noroeste del Nanda Devi así como de la primera ascensión de la Gran Torre del Trango, en Pakistán. Su hijo recogió el testigo para convertirse igualmente en un enorme alpinista poco después de que ambos escalasen de la mano el Everest en 2003. Jess fue entonces la persona más joven en alcanzar el techo del mundo. A sus 36 años formaba parte del equipo de atletas de The North Face, precisamente el mismo equipo de Lama y Auer. Jess creció convencido de que no sería alpinista: había visto sufrir a sus padres por el compromiso de su progenitor con las montañas, y el equilibrio de una vida familiar ligada a las montañas le parecía utópico. Pero pronto entendió la pasión de su padre y se lanzó tras sus huellas.

Hansjörg Auer, de visita en Bilbao hace tres años para explicar su pasión por la escalada sin cuerda, miraba de noche unos callos servidos en su plato. Le daba miedo probarlos, una ironía para un tipo que escaló sin cuerda la terrible vía dolomítica Attraverso il pesce poco después de prometer a su hermano que no volvería a escalar sin cuerda. Auer era un superdotado, capaz de escalar picos vírgenes de 7.000 metros, resolver vías de mixto extremo, alcanzar el noveno grado en escalada deportiva o volar en parapente de una montaña a otra para enlazar ascensiones en solo integral. Los hermanos alaveses Iker y Eneko Pou, del mismo equipo, lo recuerdan así: “Sobre todo hemos perdido a un gran amigo con el que compartimos dos expediciones. Era, junto a David Lama, uno de los mejores alpinistas que hemos conocido en nuestra carrera”.

Austriaco como Auer, pero de padre nepalés, Lama firmó en 2012 un hito en la historia de la escalada: logro escalar en libre la ruta del Compresor al Cerro Torre, en la Patagonia argentina. Recientemente, había ofrecido un vídeo que recogía sus grandes ascensiones de 2018, entre ellas la cima en solitario del Lunag Ri, en la frontera entre Tibet y Nepal. Tanto él como Auer eran la punta de lanza de un alpinismo profundamente ético que no desdeñaba el entrenamiento científico y riguroso: ser más rápidos, más ligeros, más eficaces para sobrevolar las montañas sin verse expuestos a ese tipo de peligros que finalmente ha cazado sus vidas.

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