Jorge Martín y su mano biónica, todo por el liderato de Moto3


A media mañana ni siquiera tenía claro si podría formar en la parrilla de salida del gran premio de Tailandia. Jorge Martín, líder de Moto3, ha dominado la temporada a golpe de vuelta rápida (ocho poles, seis victorias), pero también al sobreponerse a carreras durísimas en las que supo soportar el dolor. El dolor de ese pie que se golpeó al inicio del curso tras un accidente –el mismo pie que se había fracturado el curso pasado–, o el dolor en la muñeca después de aquella caía tremenda en Brno –fractura del radio distal. Esa última lesión, de la que no se ha podido recuperar del todo en plena competición como está por el campeonato, es la que le ha llevado por la calle de la amargura también este fin de semana en Buriram. Pero volvió a sorprender. Y acabó cuarto pese a correr, prácticamente, con una mano. Y no es un decir.

Los problemas empezaron este sábado, cuando el tratamiento de fisioterapia que se le ha estado practicando para mejorar el estado de su muñeca izquierda le dejó con esa mano totalmente anulada. “Ha desarrollado una neuritis”, concedía el doctor Ángel Charte. La neuritis es una inflamación de los nervios que provoca atrofia muscular; a Martín le impide mover bien y controlar la mano. Así lo explicaba el mismo piloto, en declaraciones a Movistar MotoGP: “Estoy mal, sobre todo psicológicamente. Estaba recuperándome en la clínica, me encontraba muy bien, no tenía dolor, pero hicimos presión en un nervio que no debíamos y se me ha inflamado”.

Se marchó tarde del circuito este sábado. Él y su equipo buscaban una solución. Es el líder del Mundial y, después de perderse por lesión la carrera en Brno ya no podía ceder más puntos, que los rivales aprietan. A las siete de la tarde Martín estaba todavía trabajando con la gente de Alpinestars, que ideó un guante con un sistema especial que le ayuda a controlar la mano. Una mano biónica para Martín: el guante, reforzado por dentro, mantenía la mano abierta, sujeta. Él se esmeraba en agarrar la maneta izquierda de la moto. “Una obra de ingeniería”, diría él. Al día siguiente tenía mejores sensaciones tras el primer entrenamiento del día. Pero sabía que no podría aspirar a mucho. No solo por su estado físico –“Jorge puede controlar el dolor. Lo hizo en Austria. Pero cuando no tienes fuerza ni control es mucho más difícil”, explicaban en su equipo–, sino porque apenas había podido preparar su moto para la carrera.

Pero corrió. Y por poco no sube a podio. Corrió para defender el liderato. Pausado, contenido, al inicio de una carrera que se corrió en grupo (un grupo gigantesco, una veintena de pilotos apelotonados en unos metros de pista), 13º en parrilla, 18º en la primera vuelta, 15º a los cinco giros; 10º a los diez, en el grupo de cabeza cuando faltaban 12 vueltas. Allí se movió entre el sexto y el octavo puesto. Y no era fácil. El tráfico era inmenso. De hecho, en una curva tocó a Masaki y lo echó de la pista. Pero aguantó. Y trató de ganar más posiciones. La última escalada fue un regalo de Bastianini. Bezzecchi, el principal rival de Martín por el Mundial, se había puesto primero en la última vuelta, tenía el liderato a tiro, pero su compatriota chocó con él en los últimos segundos y se fueron los dos al suelo. Martín, y su mano biónica, acabaron cuartos. Y líderes. Con 26 puntos de ventaja al frente de la clasificación.

Con suerte, llegará recuperado al próximo gran premio, en Japón, dentro de dos semanas. Y volverá a vérselas con Bezzecchi.

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