El Tour atraviesa fronteras


El Tour no es solo una carrera ciclista, sino también una máquina de propaganda francesa. Los organizadores lo tuvieron claro muy pronto. En 1907 decidieron organizar el primer final de etapa fuera de Francia, en Metz, una ciudad francesa que pertenecía a Alemania tras la derrota de Napoleón III en la guerra franco-prusiana, en 1871. Un recordatorio doloroso para los franceses, a orillas del Mosela y perteneciente al Reichsland de Alsacia Lorena. El año anterior, la carrera ya había circulado durante 75 kilómetros por carreteras alemanas, solo de paso, pero en esta ocasión la meta estaría situada en la avenida de Thionville de Metz.

Henri Desgrange, uno de los impulsores del Tour, justificó la decisión con una frase rimbombante: “Solo la popularización del deporte nos ayudará en la organización de nuestro grandioso evento deportivo”. Pero no engañaba a nadie. Francia reivindicaba Metz como parte de su país. La propaganda, sin embargo, también beneficiaba a Alemania. El conde Zeppelin –sobrino del inventor del dirigible–, buscaba un mensaje de paz, que los ciudadanos de los dos países pudieran cruzar las fronteras sin armas en la mano para animar a los héroes deportivos.

El representante del Reich saludó la llegada del Tour el 10 de julio. Alemania no puso pegas en la frontera, pero Francia sí. Los ciclistas la atravesaron con la mera formalidad de colocar un precinto en su bicicleta, pero los vehículos del periódico deportivo L’ Auto tuvieron que completar todas las formalidades de la burocracia francesa, así que cuando después de 13 horas de etapa los ciclistas llegaron a la meta, allí solo estaba el corresponsal de L’ Auto en Metz para tomar nota. Dio como ganador a Trousselier y a Georget como segundo. El conde Zeppelin y su esposa posaron para la foto oficial con Trousselier y le felicitaron por la victoria, pero cuando minutos después llegan los jueces, se dieron cuenta de que el ganador era Georget y que su corresponsal había confundido los colores de los maillots.

Pero lo peor llegaría al día siguiente, tras la salida, a las cuatro de la madrugada: los dos gendarmes de la frontera sometieron a los corredores a un escrutinio exhaustivo de sus bicicletas, una a una, para ver si conservaban el precinto colocado en la víspera, una tarea tediosa que retrasó horas la carrera. Aun así, el Tour regresó a Metz en 1908 y 1909, y lo volvería a hacer en 1919, cuando la ciudad volvió a ser francesa tras la I Guerra Mundial. Las fronteras se atravesaron poco a poco. La de Suiza en 1913, la de Mónaco en 1939, la de Bélgica y Luxemburgo en 1947, la de Italia en 1948, la de España en 1949, la de los Países Bajos en 1954, la de Gran Bretaña en 1974. En 1987, el Tour salió de Berlín, junto al Muro. Ese año ganó Pedro Delgado.

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