El milagro del empeño de Sergio Fernández en la final de 400m vallas


Hace apenas un mes y medio, Sergio Fernández era una duda, una duda tan enorme como su cuerpo alto y fuerte, pero menor que su voluntad, que pudo con todo. Un atleta que salía de una lesión grave, un isquio desgarrado, el músculo del velocista y el saltador, seis meses sin correr, un año, desde los Juegos de Río, sin sentirse en plenitud. “Intentaré hacer algo aún”, dice a finales de junio. “No sé, cualquier cosa para demostrarme que sigo siendo atleta, pero ya pienso en 2019…”

Un salto adelante, 12 entrenamientos de series de velocidad, cuatro carreras de 400m vallas, a cual mejor pese a la forma cogida con alfileres y un milagro. Dos años después de ganar una medalla de plata en Amsterdam que anunciaba ya su grandeza, Sergio Fernández vuelve a disputar la final de un Campeonato de Europa. “Estar aquí es un triunfo de mi empeño”, dice un día antes. “Si no me pongo pesado no llego a estar aquí”. En la final, por la calle 2, el triunfo fue el del talento, el milagro de su clase. Termina séptimo, lejos de los cracks que se disputan la primacía mundial, pero lo hace bajando de 49s, la barrera que superó por primera vez en Río (48,87s, récord de España). Todo un símbolo generado por dos centésimas (48,98s). Y, pese a eso, y tal es su carácter, Sergio Fernández mostró su frustración. “No estoy satisfecho. No he dado la talla. Estos son unos campeonatos y aquí se viene a ganar”, dijo. “El único consuelo es que he vuelto a correr. Y eso sí lo he disfrutado”.

Por delante, la victoria se la disputan el turco Yasmani Copello y el noruego Karsten Warholm, el campeón del mundo cuyo grito en la noche lluviosa de Londres hace un año se convirtió en la imagen más tangible de la sorpresa y la emoción insuperables. Ganó Warholm, de 22 años, quien por una centésima (47,64s) batió su anterior mejor marca, y el récord europeo sub 23. Es el año de los 400m vallas, el año de las revelaciones mundiales de Abderramán Samba, el mauritano de 22 años que corre por Qatar y que se ha convertido en el segundo atleta que baja de los 47s en la distancia (46,98s, lo que nunca logró el mito, Edwin Moses), y promete duelos únicos con el norteamericano Rai Benjamin (47,02s), de 21.

El fenómeno noruego Warholm (“un zumbado”, dicen de él los cuatrocentistas clásicos) se ha propuesto entrar en la pelea con ambos, no sin antes convertirse en el rey de los Europeos. En busca de un doblete insólito que ha obligado a trastocar todo el programa de Berlín, el viernes será uno de los principales rivales de Óscar Husillos en la final de 400m, su cuarto 400m en cuatro días. Llega con una mejor marca (44,87s) ligeramente inferior a los 44,73s del palentino, pero llega convencido de que tiene una misión. Y animado por su propia locura, que no le asusta.

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