El City gana el cuatriplete en Inglaterra


El Manchester City ha cambiado la fisonomía del fútbol inglés. Lo ha hecho con un juego tan bello y dinámico como extremadamente contracultural en las Islas Británicas. No han faltado las controversias. Tampoco los críticos, dispuestos a recordar que debajo de los éxitos del equipo que conduce Pep Guardiola se esconde una inversión histórica en fichajes. Olvidan que hace muy poco el Chelsea y el United intentaron crear proyectos hegemónicos a base de batir récords de gastos y no lo consiguieron. Más allá de la excelencia futbolística o la nobleza de las ideas, son los títulos —Guardiola no deja de repetirlo con amargura— los que dan y quitan la razón ante la opinión pública. Y los títulos llueven sobre el norte de Manchester. El último, en Wembley este sábado ante el Watford, en donde el City ganó la final de la Copa inglesa y cerró la temporada con un ciclo inaudito. Nunca un equipo inglés había logrado el triplete doméstico y mucho menos el cuatriplete añadiendo Premier, Copa de la Liga y Copa de la FA a la Community Shield.

Fue la primera final de la historia disputada por equipos dirigidos por técnicos españoles. A Javi Gracia le correspondió la parte más complicada del guión. Optó por reorganizar a su equipo para administrar un largo encierro. El Watford se fortificó alrededor de su portería con jugadores como Pereyra y Deulofeu, que normalmente actúan más liberados. El plan dependía de encadenar aciertos extraordinarios. Dependía, para empezar, de marcar las escasísimas ocasiones de gol que dispondrían. La tuvieron en el minuto 18 en un contragolpe magníficamente bien trazado: Deeney atrajo a Laporte y Kompany, Deulofeu se desmarcó por la derecha y su pase encontró solo a Pereyra. Pero mano a mano con Ederson, el extremo argentino no logró definir. Ederson le sacó el tiro con el pie y el Watford volvió a meterse atrás y a sufrir el acoso.

El gol que abrió el marcador definió una de las mayores cualidades del City. La capacidad para robar rápido la pelota perdida y encontrar el espacio con maniobras sorprendentes. Sucedió que el Watford intentó salir jugando con Docoure y en un segundo el mediocentro descubrió que estaba rodeado por Gundogan y Bernardo Silva. El portugués, que ofició de mediapunta, fue un auxilio defensivo eficacísimo. Robó la pelota y conectó con Sterling. Desestabilizada la defensa del Watford, el tiro de Sterling pegó en un central y el rebote provocó un duelo entre David Silva y Femenía. Hubo otro rechace, lo ganó Sterling de cabeza, y su servicio dejó a Silva de nuevo mano a mano con Femenía en el área. Ahí quedó patente el carácter impostado de Femenía, extremo por naturaleza, en la posición de marcador lateral. Silva puso el 1-0 y el Watford se sintió derrotado.

Bernardo Silva, Jesús y Sterling fabricaron el 2-0 antes del descanso. El resto fue una avalancha de goles digna de este City hiperbólico. De Bruyne y Jesús hicieron los suyos, Sterling firmó un hat-trick, y el gran Kompany recogió el trofeo de manos del duque de Cambridge. Los coros de Hey Jude, una de las canciones favoritas de la hinchada, atronaron desde la megafonía de Wembley mientras los jugadores alzaban la Copa que hace el cuatriplete.

 

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