El adolescente que marca goles en la Primera del fútbol paraguayo


Si hay un día tenso en Asunción es cuando Cerro Porteño, “el ciclón” de Barrio Obrero –mismo uniforme azulgrana que el Barcelona, y Olimpia, el “rey de copas” blanco como el Real Madrid, se enfrentan en el “súper clásico” del fútbol nacional. Autobuses hasta el techo de hinchas armados con banderas atraviesan el centro histórico que cualquier otro domingo estaría en silencio. Ambos clubes arrastran 40.000 personas al estadio y a casi todo el resto del país sudamericano hasta un aparato de radio o televisión, sea en casa o en el bar de cualquier esquina.

Dieciséis minutos llevaban todos esos ojos concentrados en la pelota que rodaba por el césped del estadio Defensores del Chaco. En las gradas sonaban cánticos como mantras y en la calle ya no se movía ni un auto, cuando un pase de Juan Aguilar atravesó la defensa de Olimpia y entró en el área. Allí estaba Ovelar. Lo que ocurrió después ya es parte de la historia del fútbol.

Ovelar, con la casaca número 17 de Cerro Porteño, se convirtió en el futbolista más joven en anotar en la primera división paraguaya, arrebatando ese récord al exjugador de Olimpia Gustavo Neffa, que lo hizo con 15 años, 8 meses y 16 días en 1987. También es el más pequeño en disputar un clásico asunceno y el segundo jugador más joven en marcar en primera a nivel mundial, según el popular tuitero Mister Chip, experto en estadísticas. Ovelar jugó 63 minutos y tuvo otras dos ocasiones de gol.

Nadie podía imaginar que un mita’í (niño en idioma guaraní, la lengua más popular de Paraguay y oficial junto al español) podría desempeñarse así ante jugadores expertos que hasta le doblan la edad. Sólo su entrenador sabía bien lo que hacía. El español Fernando Jubero, que dirige ahora a Cerro Porteño y que lleva más de un lustro revolucionando a los mejores equipos paraguayos, fue quien tomó la decisión de ponerlo en el campo. “Lo puse en el clásico porque su talento y su personalidad me transmitían confianza”, explica Jubero a EL PAÍS el día después del partido, que terminó en un empate a dos.

Barcelonés de alma paraguaya, Jubero ha entrenado a Guaraní, Olimpia, Libertad y ahora a Cerro Porteño, dejando siempre nuevos logros y una huella en cada conjunto. El técnico, exobservador de jugadores y analista de rivales para el filial del F.C. Barcelona, descubrió al jovencísimo Ovelar jugando en la Sub 15 de Paraguay hace tres semanas. “Me sorprendió mucho por su gran talento y por su personalidad. Por eso lo llamé para trabajar en el plantel principal. Es un jugador muy maduro para su edad”, cuenta el “profesor”, como le dicen en Paraguay. Cuando decidió incluirlo fue a su casa para conversar con su familia.

Jubero, que no en vano fue también maestro de primaria, les dijo que el proyecto con él niño era el siguiente: es obligatorio dar prioridad a los estudios, tiene que disfrutar del fútbol como hasta ahora y debe trabajar con humillad porque “muchos llegan y pocos se consolidan”. “Los estudios tienen que ir de la mano del fútbol, si deja los estudios dejo de contar con él, la educación es fundamental para un jugador de su edad. Primero persona, después futbolista. Eso le expliqué a su madre y el jugador entendió todo. Son gente trabajadora, con valores”, detalló.

En Paraguay se exige a los clubes contar con un jugador de Sub19 en cada partido. Algo que, según Jubero, coincide con la intención del equipo de “sumar junto a jugadores de experiencia a otros de la casa, que sientan los colores y representen con orgullo a Cerro Porteño”. Ovelar debutó hace dos semanas y este domingo, en su segundo partido, confirmó que es una promesa del fútbol paraguayo. Fernando ya tenía motivos para sentir los colores azulgrana: es nieto de Gerónimo Ovelar, defensor de Cerro Porteño en las décadas de los 1970 y 1980, y campeón de la Copa América 1979 con la selección paraguaya. Pero ahora como “niño histórico”, tiene nuevos motivos.


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