Doncic desmonta a Ucrania y lleva a Eslovenia a cuartos


En el semivacío Sinan Erdem Arena de Estambul retumbó la aparición estelar de un jugador llamado a hacer historia. La potente zancada y el bote voraz de Luka Doncic sacudieron el parqué turco para llevar a Eslovenia a los cuartos de final del Eurobasket, donde recibirá al vencedor del Letonia-Montenegro de este domingo. La joya eslovena de 18 años desmontó a Ucrania con clase, talento y hambre; con una puesta en escena al alcance de los elegidos. El 79-55 final se condensó en los ocho primeros minutos de partido. El tiempo que tardó Doncic en marcar territorio.

A base de seriedad, Eslovenia ha desatado su optimismo. De progresar en el camino se encontraría en una hipotética semifinal con España. Aún queda para eso, pero la impronta está trazada. La idea es poner otra muesca en la historia joven de un país pequeño (poco más de dos millones de habitantes). El empeño esloveno por ascender peldaños en la élite continental ha tenido muchos altibajos y algunos hitos, como el sexto puesto del Europeo de 2005, el cuarto en 2009 o el quinto en la edición de 2013. Aquel año, ejerciendo como anfitrión en Liubliana, el país abrazó el baloncesto como deporte nacional y proyectó una imagen de pasión efervescente. Todo gracias a dos hermanos. Goran Dragic, base por entonces de los Phoenix Suns, y su hermano pequeño, Zoran, escolta aquella temporada de Unicaja de Málaga, elevaron los decibelios del Stozice Arena y dieron carrete al equipo de Maljkovic, aún con históricos en sus filas como Lakovic o Nachbar. Pero la mística, que sirvió de estela para un digno séptimo puesto en el Mundial de España 2014, se rompió en pedazos en 2015 por el insuficiente relevo generacional. Ahora el recambio tiene cara de niño.

Fuera de los Juegos de Río, Eslovenia emprendió una renovación radical para este campeonato. Sólo permanecieron tres jugadores del pasado Eurobasket (Prepelic, Blazic y Zagorac), recuperaron la jerarquía de Goran Dragic, ahora en los Heat, en su última misión como internacional, y recibieron el estímulo de una eclosión estelar, la de Doncic. Un fenómeno con trazas de jugador de época. Líder anotador desde el primer encuentro de la preparación, completó una sobresaliente primera fase en su estreno como internacional (13,8 puntos; 7,2 rebotes; y 3 asistencias de media por partido) y ahora quiere estirar el sueño en Estambul.

Ante Ucrania no tardó en aparecer. Primero, un triple academicista; después, un baile ante el gigantón del Obradoiro Pustovyi (2,18m); más tarde una entrada febril a canasta. El angelito sumaba 10 puntos, 4 rebotes y una asistencia en los primeros ocho minutos de partido, cuando se giró con discreción hacia su banquillo para pedirle un respiro a su entrenador, Igor Kokoskov. El técnico, asistente en los Jazz, recibió en el banquillo a Doncic con gesto de embelesado agradecimiento. La NBA le mira. La NBA le espera.

Aspecto del Sinan Erdem durante el Eslovenia- Ucrania

Con genética de líder, actitud de veterano y carisma de superestrella, el chaval abrumó a Ucrania en un santiamén. No le hizo falta a Eslovenia recurrir al factor Dragic. Doncic subía la bola, Doncic mandaba, Doncic anotaba, asistía y reboteaba. Su primer cuarto le valió a su selección el pase a cuartos. Su compañero Randolph, el otro madridista de Eslovenia (los únicos en el torneo junto al fichaje croata Kuzmic), recogió el testigo con seis puntos consecutivos para salvaguardar la obra de Luka. Mientras, Ucrania era mucho físico y poca sangre. Apenas Pustozvonov, habitual especialista defensivo, capeaba el temporal con un puñado de puntos. Pero Eslovenia era siempre superior por calidad y deseo (42-27, al descanso). No hubo más partido. El paso de los minutos solo sirvió para embellecer la estadística de Randolph (21 puntos con un 3 de 3 en triples) y también la de Doncic, que no disputó el último cuarto pero acabó con 14 puntos, 10 rebotes y seis asistencias. Los 730 espectadores del Sinam Erdem alucinaron con su presente y con el futuro que anuncia.

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