Djokovic y Federer, cuestión de historia


A mediodía, Novak Djokovic se dejaba ver por la zona reservada de entrenamientos de Wimbledon portando un raquetero blanco a la espalda y dos pares de zapatillas que luego, conforme desplegó el bazar (sales, toallas, botes, acreditaciones…) ascendieron a cuatro. El número uno peloteó plácidamente durante una hora y después se retiró a sus aposentos con la misma buena cara que hace exactamente un año, cuando preparaba la final contra Kevin Anderson y al día siguiente triunfó hacia su cuarto trofeo de Wimbledon, el torneo que siempre soñó ganar porque Pete Sampras era su ídolo.

Mientras tanto, no había ni rastro de Roger Federer, recluido y relajado en su sofá porque, dice, a estas alturas no hay mejor entrenamiento para él que el de descansar e idear bien el plan a llevar a cabo. “Esto es como el colegio: el día antes del examen no puedes ponerte leer no sé cuántos libros…”, había bromeado el día previo, después de haber apeado a Rafael Nadal y multiplicado sus sensaciones: fuera de escena el balear, la amenaza ya solo se concentra en el serbio, que suma 15 grandes (tres menos que el español) y en la final de esta tarde (15.00, #Vamos) aspira a meterse todavía más de lleno en la pugna por ser el tenista masculino más laureado de todos los tiempos.

This is Wimbledon, sí, pero lo de este domingo, lo que viene de Australia y París, y lo que ha de venir en adelante va mucho más allá de un trofeo puntual. Es, sencillamente, una cuestión de historia. Hace no mucho, los tres se hacían los despistados, pero de un tiempo aquí ya abordan abiertamente el asunto. Cada choque entre ellos, y sobre todo en una final como la de Londres, vale su peso en oro. “Es divertido, siempre piensas que uno le quita títulos al otro, aunque si hubiéramos jugado en diferentes épocas… no sé si todavía estaríamos jugando. Ha sido divertido coincidir”, valora el suizo, que a punto de cumplir 38 años tiene ante sí una oportunidad que no debe desperdiciar.

La cuerda se agota y Wimbledon es, sin duda, el terreno en donde más opciones tiene de añadir otra muesca más, y ya son 20, a su revolver. Sin embargo, enfrente está Nole. Y Djokovic es mucho Djokovic. El balcánico, de 32 años, regresó hace un año de un limbo y desde entonces se ha apuntado tres grandes, comprimiendo una batalla histórica a la que Nadal le dio el enésimo giro hace poco más de un mes en París. Ahora es él el que puede limar diferencias, y asiste a la gran cita con argumentos más que sólidos.

Los precedentes, a favor del balcánico

Aparte de dominar en los cruces particulares con Federer (25-22), también manda en finales de los Grand Slams (3-1) y, más concretamente, en Londres. Privó al de Basilea de dos laureles en 2014 y 2015, y en 2011 hizo lo mismo con Nadal. Es decir, en un episodio definitivo del major británico tan solo ha podido con él Andy Murray, en 2013. “Todos sabemos lo bueno que es Roger, sobre todo aquí”, desliza el serbio. “Para jugadores como yo o Nadal, que nos gusta tener un poco más de tiempo, él supone una presión constante. Pero ya sé que puedo esperar de él”, añade.

Federer, por su parte, afronta además una negación histórica, puesto que nunca ha sido capaz de derrotar en el mismo Grand Slam a Djokovic y Nadal. Abatió el viernes al segundo, y ahora encara a Nole con la rémora de haber perdido contra él en los tres últimos enfrentamientos: Cincinnati y París-Bercy 2018, y el Open de Australia 2016. “Nadie defiende el revés mejor que él”, precisa el suizo, que a la vez dice tener la lección bien aprendida porque hoy día ya hay pocos secretos entre los tres colosos del Big Three, ganadores, atención, de los 11 últimos grandes: “Cuando has jugado contra alguien más de 15 veces, y especialmente en los últimos años, no queda mucho por descubrir”.

Las cifras apoyan al suizo

En términos numéricos, ambos llegan al cruce definitivo con unas cifras similares. Federer ha recortado ligeramente su estancia en la pista (12h 25m, frente a 13h 04m) y también luce unos registros sensiblemente favorables con el servicio. RF ha ganado el 95% de los juegos en los que servía, por un 93% de Nole, este por debajo en porcentaje de primeros dentro (66%-65%), en puntos conquistados con los primeros (80%-79%) y los segundos (66%-65%), y en opciones de rotura salvadas (77%-75%).

Para dar con un campeón ajeno al triunvirato hay que rebobinar a 2016, cuando Stan Wawrinka ganó el US Open. Desde entonces, tiranía pura y dura. Este domingo serán Federer y Djokovic quienes giren la rosca en un sentido u otro, aspirando el de Basilea —más triunfos (38) que nadie este año y, según apuntó, con “las estrellas alineadas”— a su novena corona en el Edén londinense.

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