Cazorla: “Doy las gracias al Villarreal por haber sentido su apoyo y abrirme las puertas de nuevo”


Siete veranos atrás, Santi Cazorla se vio obligado a dejar el Villarreal por las deudas contraídas por el club de Roig tras temporadas de vino y rosas, de fichajes estelares como Riquelme y Forlán, de quedarse a las puertas de disputar una final de Champions. Por 20 millones de euros Fernando Roig, a su pesar, se deshizo de su futbolista franquicia que puso rumbo a Málaga y un año después a Londres para proseguir su carrera en el Arsenal durante los seis siguientes cursos, de los cuales, los dos últimos, los ha pasado prácticamente inéditos por una lesión menor que se complicó al entrar al quirófano y que derivó en una infección y una sucesión de intervenciones quirúrgicas, hasta ocho, que a punto estuvieron de dejarlo inválido.

Hoy Cazorla vuelve a sentirse futbolista y lo hace de nuevo en el club que le dio la oportunidad de terminar de formarse y convertirse en futbolista de élite. “Cuando me fui siempre supe que volvería”, desveló Cazorla en su nueva presentación en la que fue y es su casa, ante su gente, en el Estadio de La cerámica, antes El Madrigal, como le recordó Roig cuando tomó la palabra ante 4.500 aficionados que llenaron la tribuna baja del estadio amarillo para ver de nuevo de cerca el regreso del ídolo.

Vuelve la magia fue el lema de la puesta de escena de Cazorla con el mago Yunke como maestro de ceremonias, que hizo aparecer de la nada al centrocampista asturiano en una cápsula de cristal con un truco ilusionista. Casi dos años de trabajo en silencio, de amargura, de tratamientos, de dudas, lejos de la familia, para regresar a un terreno de juego, donde se siente feliz. “Solo por este momento ya ha valido la pena tanto sufrimiento”, se sinceró Cazorla en el atril frente a la tribuna de La Cerámica, con la presencia de sus dos hijos, emocionado. Emoción compartida por Roig que no pudo disimular su felicidad al ver de nuevo de amarillo a un jugador carismático, a una persona querida y admirada por todos. “Esta es la presentación más especial para mí”, reconoció el presidente. “Son muchas sensaciones y recuerdos. Ojalá siga haciendo cosas bonitas como hice en el pasado”, se sinceró Cazorla.

Desde que comenzó el calvario de las lesiones, el Villarreal siempre se interesó por su estado y, cuando Cazorla expresó su deseo de retomar su carrera, el club castellonense se puso a su entera disposición. Sin presión alguna, asumiendo el riesgo de que la ambición del internacional tan solo fuese una quimera, una utopía. “Doy las gracias al Villarreal, ya no solo por abrirme las puertas cuando tenía 18 años, sino por haber sentido su apoyo en estos momentos tan difíciles y abrirme las puertas de nuevo”, reiteró el doble campeón de Europa con la selección española.

La pretemporada a las órdenes de Calleja evidencian la recuperación y el nivel óptimo de Cazorla. Su calidad es innata. Un año atrás, un médico inglés le dijo al centrocampista asturiano que su objetivo debía ser intentar llevar una vida normal, que se olvidara del fútbol. Ante tales augurios pesimistas, Cazorla se rebeló contra infortunio, no se resignó. A sus 33 años se siente con fuerzas para seguir desplegando su dulce juego por los estadios de la Liga y de Europa. “Espero que se retire aquí dentro de unos años”, vaticinó Roig.

El camino ya está marcado para Cazorla, que entiende que aún le queda mucho por recorrer. A qué nivel regresa es una incógnita que el tiempo desvelará. “Tengo que disfrutar del momento. Pero soy exigente y quiero seguir mejorando. Aún tengo dolores y quiero quitarlos y estar mejor. Creo que puedo mejorar el nivel de cara el futuro”, entiende Cazorla, que no quiso olvidarse de los que le han ayudado a volver, entre ellos el doctor vitoriano Mikel Sánchez y a todo su equipo médico, así como al Alavés, que le cedió sus instalaciones. El fútbol está de enhorabuena. Cazorla está de vuelta.

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